Técnicas Barranquismo en Cuenca

Sin duda lo que confiere al descenso de cañones y barrancos su identidad propia frente a otras disciplinas de montaña o frente a la espeleología, y lo que al mismo tiempo determina el grado de compromiso, dificultad o exposición de un cada descenso, es la presencia de un mayor o menor caudal de agua.

Las cambiantes condiciones de esos caudales, que dependen de factores tan diversos como la meteorología, el deshielo, o el grado de saturación de los acuíferos, hacen que un mismo cañón pueda ser, en condiciones de caudal bajo, poco más que una entretenida actividad para pasar un domingo por la mañana con familia y amigos; mientras que con algún metro cúbico de más se convertirá en una actividad técnica y expuesta, sólo apta para grupos entrenados, donde hay que pensar un buen rato cada movimiento, y con poco margen para el error.

Y es precisamente esa presencia de caudal, y la necesidad de gestionar los riesgos que implica, la que ha forzado que, con los años, se hayan ido adoptando por los barranquistas una serie de soluciones y técnicas específicas que, al mismo tiempo, han ido consolidando al barranquismo como una disciplina propia y diferenciada.

Hoy en Júcar Quads os dejamos la técnica de El Rápel Ajustado.

Concepto: Es la técnica básica, y la medida de prudencia mínima que debería adoptarse por sistema ante cualquier rápel que termine en una marmita, badina o poza de recepción profunda con movimientos de agua potencialmente peligrosos. Se parte de una regla general clara: en esos casos nunca debería el barranquista llegar a la poza o marmita con la cuerda en el descensor –que se vería obligado a soltarse bajo el agua, peleando con la fuerte corriente, y a menudo con guantes- y encontrarse además con que en la poza están flotando varios metros de cuerda que la corriente enreda alrededor suyo.

Para evitar eso, basta con preparar la instalación de forma que la cuerda de rápel por la que se desciende quede “ajustada” a la longitud del mismo, quedando su cabo o extremo colgando a unos centímetros sobre la superficie del agua. Así, cuando el barranquista vaya a llegar a la poza, simplemente se le acabará la cuerda de rápel y caerá al agua, ya con el descensor y las manos libres para maniobrar, y sin cuerda alguna flotando en la poza con el consiguiente riesgo de enredo.

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